07/10/2022

Prevenidos para la muerte, protegidos para la vida

María nunca fue a una escuela para millonarios, pero supo ganarse la vida como cocinera y criar a 3 hijos. A los 54 años sufrió lesiones graves en ambos brazos que le impedían coger pesos. Los médicos la retiraron de los fogones del restaurante. Y el INSS (Instituto Nacional de la Seguridad Social) le concedió la Invalidez Permanente Absoluta.

A partir de ahora debería arreglarse con una pensión no contributiva del 55% de su salario. María vino a nuestra correduría desesperada, quería revisar el Seguro de Vida que contratamos cuando dio a luz a su tercer hijo. ¡Bingo! Incluía una indemnización por Incapacidad.

Preparamos la solicitud al Seguro, los informes médicos y la resolución del INSS y, en 40 días, recibió el dinero. Ya podría conservar su nivel de vida habitual.

“Brazos, para qué os quiero si tengo alas para volar”

Resuelta su situación económica, María cayó en una depresión. Sus hijos Pedro, Isa y Carlos decidieron no dejarla sola. La acompañaban a pasear, a preparar la comida y a la psicóloga.  Quieren mucho a su madre y se lo demostraron.

Entre todos, la ayudaron a aceptar su nueva situación como un reto. Las personas somos capaces de adaptarnos y superar cualquier obstáculo y María lo comprendió.

A los 3 meses comenzó a salir a correr 4 veces por semana con 2 amigos y 1 amiga.

Los miércoles asesora gratis sobre cocina tradicional y de aprovechamiento para no tirar comida en la Asociación de Vecinos del barrio.

La tranquilidad ha ocupado su espacio, se sabe cuidada y protegida. Tiene su Seguro de Vida, ha cobrado su Indemnización por Incapacidad Profesional, que la ha ayudado a solventar su situación económica, que hubiese sido muy precaria de no disponer de ese capital asegurado, y queda el resto del capital para proteger a su familia cuando ella falte.

 

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